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domingo, 13 de enero de 2013

UNA NORMATIVA DE VANGUARDIA



En el último Pleno Municipal con fecha 27 de diciembre de 2012, se aprobó la Ordenanza para la Inspección Técnica de Edificios de Úbeda con los votos a favor de Partido Popular, Partido Socialista, Iniciativa Popular Ubetense y en contra de Izquierda Unida y Partido Andalucista.


Aunque desde determinados ámbitos se ha intentado vender su puesta en marcha como una iniciativa de carácter local con afán recaudatorio, hemos de aclarar que no es así, sino que esta ordenanza supone la respuesta de este Ayuntamiento a una normativa de carácter Autonómico, ya existente desde el año 2002, y que fue concretada por la Junta de Andalucía en la Ley 7/2002 de 17 de Diciembre de Ordenación Urbanística de Andalucía.


Pese a que la actual coyuntura en la que nos encontramos no es la más propicia para asumir nuevas cargas sobre nuestros ya mermados bolsillos, parece ser que es lo que toca y, si es lo que toca, lo que debemos esperar la ciudadanía es que esta suponga el menor impacto para nuestras economías y que la Ordenanza que ha sido aprobada sea lo más eficaz posible.


A falta de poder constatarlo con el estudio del texto definitivo, parece ser han sido incluidas algunas enmiendas que considero importante reseñar como es el hecho de que para los edificios Catalogados en nuestra Ciudad, en el necesario y preceptivo informe que deben aportar los propietarios de las edificaciones afectadas en cada momento, se deba de incluir un apartado con las consideraciones realizadas por especialistas en cuestiones de Patrimonio Histórico-Artístico.


No debemos de olvidar que Úbeda cuenta con más de 800 edificios catalogados y que muchos de ellos, por su carácter e importancia, constituyen una fuente de riqueza, un verdadero motor económico y social en materia de turismo al tratarse Úbeda, como sabemos, de un enclave con una especial relevancia reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.


Es por ello por lo que, aunque en la citada Ordenanza prima el aspecto de conservación de todas las edificaciones de Úbeda, la inclusión de estas enmiendas convierten a la misma en una norma legislativa de vanguardia en materia de protección y salvaguarda de nuestro Patrimonio. Al menos, un importante avance respecto a lo que había y lo que se está haciendo en este campo en la actualidad.


Como digo, hay que analizar la totalidad del texto para conocer su contenido y alcance, pero ya supone un enorme paso en materia de concienciación por parte de nuestros representantes locales el hecho de que se actúe de esta forma. 


De esta forma se pueden evitar funestas intervenciones que, como han sucedido en otras ocasiones, se han realizado tristemente por no considerarse las opiniones de expertos en esta materia como son Historiadores del Arte. Como ejemplo un gran botón, la intervención (que no restauración) de Santa María de los Reales Alcázares, donde la capacidad de decisión de los Arquitectos que han estado al frente de las obras sin tener en cuenta consideraciones de especialistas en la materia, nos han proporcionado una Iglesia de Santa María inventada en gran medida y desposeída del sabor, entre otras muchas cosas, que tenía en 1983.


Así pues y, con gran cautela como digo, creo que en este sentido hay que dar la enhorabuena a nuestra corporación. Espero que finalmente no se estropee algo que, a mi entender, supone un importantísimo avance en el compromiso que hemos de tener todos con nuestro Patrimonio Histórico-Artístico y esta vanguardista ordenanza, no solo a nivel autonómico sino estatal, venga a contribuir a que Úbeda de la mejor cara de sí misma por el bien y el interés de todos nosotros.

miércoles, 1 de agosto de 2012

LÁGRIMAS POR SAN LORENZO



Nadie dijo que fuese a resultar fácil; nadie dijo que una lucha, por pequeña que pudiera parecer, no fuese tediosa; nadie dijo que este, precisamente este momento, fuese el más indicado para poner encima de la mesa la Iglesia de San Lorenzo y su ruina… Ese es el problema, que nadie o casi nadie ha dicho nada, o casi nada, en mucho tiempo.

El caso es que, entre tantas preocupaciones y quebraderos de cabeza que tenemos todos, unas voces se han alzado en este sentido gritando “¡¡Ya está bien!!”. Ya está bien de tanta dejadez, de tanta incompetencia, de tanta vena flemática que crece y crece ante tanto desatino sin atinar.

Es fácil tomar unas cañas con unos amigos o ponerse frente a el teclado de un ordenador para jugar a políticos o a jueces, emitiendo elementos de juicio y valor que pretenden sentar cátedra y, lo que es más jocoso y grotesco aún, dictando sentencias que con las que el mismo Séneca podría parecer un mero aprendiz.

Algunas causas pueden parecer más o menos justas, más o menos apropiadas o banales al plantearse en determinados momentos o coyunturas, o incluso de mayor o menor interés para un individuo o para una colectividad, sobre todo, si no nos va la vida en ello o tienen su repercusión sobre nuestros esquilmados bolsillos. Pero nadie puede negar que el tesón de aquellos que gritan por una causa razonable no posee menos valor que el que calla y otorga.

Quienes hemos alzado la voz a favor de la Iglesia de San Lorenzo ahora, no pretendemos nada más que llamar la atención sobre un problema importante que presenta desde hace mucho tiempo este edificio y que, aunque se piense que no es prioritario en el momento actual, muchas personas, amantes de la Cultura, pensamos que sí lo es.

Estamos en un Mundo estigmatizado por el Poder Económico. Términos o expresiones tales como Mercado, Prima de Riesgo, Inflación, Déficit… han cobrado en los últimos tiempos un protagonismo inusitado que relega a un plano ínfimo algo tan sumamente importante como los Valores (y no me estoy refiriendo con esta palabra a los bursátiles). Hablo de Valores con mayúscula, algo inherente al ser Humano, algo que muchas veces nosotros mismos nos encargamos de amordazar, de ahogar, en deferencia a la falsa creencia que lo económico es lo realmente importante y lo que prima. ¡Qué error más grande!

Cuando una persona pierde su identidad no es de extrañar que pierda también su alma. Queda vacía, hueca, carente de todo sentido y de toda esperanza. Nuestro Patrimonio es parte de nuestra identidad, nuestra Cultura ¿entendemos significa esto?. Si dejamos que se pierda, si dejamos que se desmorone bajo la débil excusa que nos aporta el no mover ni tan siquiera un músculo en su defensa, nos estamos condenando a una especie de ostracismo del que difícilmente podremos salir. Pero aún más grave resulta el hecho de no permitir disfrutar, a quienes nos sucederán, de un legado que afortunadamente hoy nosotros estamos en disposición de recuperar.

La Iglesia de San Lorenzo de Úbeda no es únicamente un inmueble con unas características y unos elementos artísticos más o menos plausibles; es un símbolo. Un símbolo de todo aquello que hemos perdido, de aquello que ya no podremos recuperar, un símbolo de esa identidad que nos define como personas y como integrantes de una colectividad que ha de sentirse afortunada por vivir su día a día en una ciudad como Úbeda. Es también un símbolo que nos alerta de todas esas heridas que hemos de curar, de esas magulladuras que no sanarán por sí solas sino es gracias a una intervención oportuna. Esto es un deber de todos y debe de convertirse en un compromiso real. Es también símbolo de una lucha continuada, a lo largo de distintas generaciones de ubetenses, por el deseo de que sus puertas vuelvan a abrirse.

Todos hemos de cerrar filas en torno a San Lorenzo y todos debemos pedir su restauración y puesta en valor, luchar porque no desaparezca porque si así sucediese, si San Lorenzo muriese, una parte de de cada ciudadano de Úbeda, de cada ubetense, moriría con él.

Es hora de colaborar para no tener que verter Lágrimas por San Lorenzo. Es hora de hacer algo por nosotros mismos y gritar juntos: ¡Salvemos San Lorenzo!

miércoles, 11 de julio de 2012

LA HORA DE SAN LORENZO









Foto de Baldo Padilla
Cuando en 1842 el Obispo la Diócesis del Santo Reino de Jaén, D. Manuel Ventura Gómez Lechuga, ordenara la supresión de la Parroquia de San Lorenzo de Úbeda, nada hacía presagiar que las protestas y quejas que en aquellos momentos iniciaron los vecinos de este barrio defendiendo que la Iglesia se conservase abierta, se mantendrían a lo largo de 170 años.

El cierre definitivo del templo de producirá en Agosto de 1843, asumiendo las labores de culto la cercana Parroquia de San Pedro y quedando San Lorenzo como una Ermita en la que los domingos se daba misa. Esta solución maniquea, no satisfizo a los vecinos que continuaron con su malestar, siendo trasladada esta desazón al Ayuntamiento quien, en Abril de 1844, acuerda solicitar al Obispado su reapertura.

La callada que se obtuvo por respuesta propició que dicha petición fuese trasladada al Gobernador Civil de Jaén para que transmitiese el problema que planteaba Úbeda al Gobierno de Isabel II. A instancias del mismo, San Lorenzo se volverá a abrir al culto pese a los problemas estructurales y de mantenimiento que ya presentaba. Tal es así que el 21 de Diciembre de 1855 el Cabildo de la Ciudad dice “que San Lorenzo por hallarse en estado ruinoso, extramuros de la población, que tal vez sea una necesidad proceder a su derribo, no sólo para evitar peligros, sino porque convendrá hacerlo así un día para mejorar el aspecto público de aquel ángulo de la población”.

Evidentemente en el siglo XIX no existía una concienciación en lo relativo a la conservación, protección y salvaguarda del Patrimonio como afortunadamente, al menos eso parece, hoy tenemos.

El artículo 14 de la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía defiende en su punto 1 que “Las personas propietarias, titulares de derechos o simples poseedoras de bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz, se hallen o no catalogados, tienen el deber de conservarlos, mantenerlos y custodiarlos de manera que se garantice la salvaguarda de sus valores. A estos efectos, la Consejería competente en materia de patrimonio histórico podrá asesorar sobre aquellas obras y actuaciones precisas para el cumplimento del deber de conservación”.

Como podemos comprobar, tenemos una normativa clara en este sentido que se está incumpliendo de manera flagrante y continuada.
Los artículos siguientes de la citada Ley nos hablan de Ordenes de Ejecución (art. 15), Ejecución Forzosa (art. 16), Derechos de Tanteo y Retracto (art. 17) y Expropiación (art. 18). Este último artículo en su primer apartado nos recuerda que “La falta de cumplimiento de las obligaciones establecidas en la ley para las personas propietarias, poseedoras o titulares de derechos sobre bienes inscritos en el Catálogo General de Patrimonio Histórico facultará a la Administración para la expropiación total o parcial del bien por causa de interés social”.

Sin lugar a dudas esto debe ser lo último. Antes, se debe instar a la al diálogo para que se actúe. Sin embargo algo tan básico como esto no se está produciendo y San Lorenzo se muere por incompetencia de algunos y dejadez por parte de todos.

Ahora es el momento, un momento tan “bueno” como cualquier otro. Entre todos debemos realizar un esfuerzo continuado hasta que exista un Plan de Recuperación Integral y puesta en Valor para este histórico edificio. Recordemos que ya antes ha existido algún intento de recuperar este inmueble y no llegó a puerto franco. Las obligaciones deben asumirse y la Ley debe de cumplirse. 

El pueblo llano, Úbeda, así lo exige como lo lleva haciendo desde hace 170 años. Es la hora de gritar todos, una vez más, ¡Salvemos San Lorenzo!

lunes, 7 de septiembre de 2009

DESOLACIÓN DE VOLVER. IMPOTENCIA Y RABIA CUANDO ESTÁS.


¿Qué pensar cuando acaban con nuestros recuerdos a golpe de pico y maceta?. ¿Qué decir cuando un pueblo entero no dice nada?, ¡¡nunca dice nada!!. ¿Qué sentir ante tanta indiferencia?. ¿Qué llorar cuando ya no quede nada?

Deben de estar las cosa mal, muy mal en mi Úbeda natal cuando, Don Antonio Muñoz Molina ha levantado su pluma y, a través de un importante semanario cultural de nuestro país, se ha lamentado públicamente de la situación actual del Patrimonio Histórico-Artístico de Úbeda.

Para sonrojo de todos y con el fin de hacer llegar la voz y reflexión de D. Antioni o al mayor número de personas, incorporo, a continuación, dicho reportaje con el que comparto todo cuanto en él se dice. Aún así, me da la se sensación que Muñoz Molina no ha querido "hacer sangre" y se ha mostrado indulgente con la casta política que, como les define sus propios actos, más bien diría yo, que son Descastados.

DESOLACIÓN DE VOLVER.
Antonio Muñoz Molina.

Publicado en el País, Babelia, el 05 de Septiembre de 2009.


Desde una esquina en la zona de sombra en la que me he apoyado para leer el periódico miro la plaza que he recordado e imaginado tantas veces, la que está igual de arraigada en mi memoria infantil que en los mundos de ficción que he ido inventando a lo largo de mi vida, hasta el punto de que a veces ni yo mismo sé distinguir en qué medida estoy invocando un recuerdo verdadero o proyectando sobre el pasado un episodio de novela. Vista con ojos objetivos, la plaza no tiene nada o casi nada de extraordinario, salvo la torre del reloj, que forma parte de una muralla medieval. Es una plaza austera, menos andaluza que castellana, con soportales en dos lados, con edificios poco memorables que sin embargo, en conjunto, dan una modesta impresión de carácter, de lugar verdadero. En los soportales solía haber carritos en los que se vendían pipas, cacahuetes tostados, pequeños juguetes; también se vendían y se alquilaban tebeos. Había una farmacia, una tienda de lanas, un almacén de tejidos, la sede de un banco en el que trabajaba de cajero el padre de un amigo mío. Íbamos a verlo y estaba detrás de su ventanilla con barrotes dorados, y a mí me impresionaba lo blancas que eran sus manos, por contraste con las de mi padre, y la velocidad asombrosa a la que contaba los billetes.

En la zona central de la plaza se levanta sobre una base de figuras alegóricas talladas en piedra la estatua en bronce del general Saro, picoteada de agujeros de disparos. En los primeros años veinte el general Saro dirigió no sé qué campaña victoriosa en la guerra de Marruecos; en el verano de 1936 un pelotón anarquista lo fusiló en efigie, dado que ya estaba muerto. Durante años, con motivo de alguna de las muchas reformas que la plaza ha padecido, la estatua desapareció, porque algún analfabeto con cargo municipal -en la política española el analfabetismo es un mérito casi tan valorado como la desvergüenza- debió de pensar que siendo de un militar tenía que ser de un militar franquista. Me cuentan que se pensó sustituirla por una escultura más acorde con los nuevos tiempos de reglamentaria cultura andaluza, un monumento al penitente. El general Saro sobrevivió, dramático y sereno, con sus agujeros negros de disparos en la cabeza y en el pecho y su mirada hacia el sur, pero a su alrededor la plaza que desde hace mucho ya no lleva su nombre fue sometida a una de esas modernizaciones que gustan tanto a las autoridades locales: de los jardines, de los bancos, de las acacias y los aligustres sobre cuyas copas sobresalía la cabeza del general no quedó ni rastro, si bien en su lugar se pusieron unos coquetos maceteros de hierro forjado con la "U" de Úbeda artísticamente inscrita en cada uno de ellos, y se coronó todo con la boca enorme de un aparcamiento subterráneo y con la torre del ascensor correspondiente.


La primera vez que vi lo que habían hecho con esa plaza que era el corazón de mi ciudad se me puso en la garganta un nudo de congoja. Ahora vuelvo y la miro y la costumbre no mitiga el escándalo. Con la lógica peculiar de la renovación urbana, se ha considerado que en una ciudad donde hay varios meses de calores saharianos su plaza central no necesita árboles, salvo un par de naranjos escuálidos que difícilmente pueden prosperar en los inviernos mesetarios. A mediodía, desde mi esquina a la sombra, alzando los ojos del periódico, veo a la gente que se atreve a cruzar la plaza arriesgándose a un síncope, buscando a toda prisa el alivio de los soportales. Aparte de sus ventajas estéticas, el aparcamiento tiene la virtud práctica de atraer más tráfico hacia el centro de la ciudad, atascando las calles estrechas que llevan a él, algunas de las cuales están además levantadas gracias a la misma catástrofe de obras en gran medida innecesarias que azota al país entero. Algunos de los coches que hacen cola para entrar en el aparcamiento llevan las ventanillas abiertas y emiten a volumen sísmico una música de discoteca al parecer muy del agrado de los policías municipales que pastorean el tráfico.


En las noches calurosas, con los balcones abiertos, la música de los coches, los rugidos de las motos y la algarabía alcohólica del botellón animan las plazuelas y los callejones de mi barrio de San Lorenzo, que de otro modo estarían sumidas en un anticuado silencio. Iglesias y palacios se van hundiendo literalmente en el abandono mientras se tiran ríos de dinero cambiando sin ninguna necesidad antiguos pavimentos enlosados o empedrados por groseros baldosones de terrazo. Vuelvo a la hermosa plaza de Santa María y no puedo cruzar su limpia perspectiva porque está entera convertida en una zanja. Un amigo que vive en la ciudad me cuenta que los trabajadores, como no disponen de instalaciones con aseos, usan como urinario la fachada de la iglesia del Salvador.

En el curso de una generación se ha destruido para siempre lo que tardó siglos en hacerse. Lo que se está robando a quienes vengan detrás no es una memoria sentimental y un paisaje urbano que fue único, sino también una forma de disfrute de la vida y de prosperidad. Donde hubo perspectivas de huertas y de casas blancas que llamaban desde los caminos lejanos ahora hay bloques horrendos que se amontonan los unos sobre los otros para mayor beneficio de los constructores. Viajando por Europa uno descubre con envidia cómo en pueblos pequeños y en ciudades provinciales el cuidado en la preservación de lo más valioso del legado del tiempo es perfectamente compatible con el progreso tecnológico y tiene la ventaja práctica de hacer la vida más gustosa y crear una duradera riqueza: en España se empieza por arrasarlo todo. Cuanto más se alimentaban los orgullos locales y las lealtades vernáculas a lo largo de los últimos treinta años más impunemente se han destruido los paisajes. El orgullo local separado de la conciencia cívica es paletería, igual que el patriotismo sin ciudadanía es fanatismo. Se inventan pasados y se alimentan nostalgias rústicas al mismo tiempo que se impone la ignorancia y se borran las huellas del pasado verdadero, el que habría sido tan fértil para mejorar el porvenir.

Hace treinta años, en una de tantas idas y venidas, volví a mi ciudad para votar por primera vez en mi vida en unas elecciones municipales. Pensábamos que la democracia iba a traer a las ciudades un aire limpio de ilustración y racionalidad, espacios públicos rescatados del abandono y la roña franquista de los especuladores. Me paseo por Úbeda, entre zanjas y mugre, entre el deterioro de lo abandonado y la ostentación palurda de lo que no había necesidad de cambiar, me adhiero a una pared para que no me atropelle un coche con la música a todo volumen en una calle estrecha. Ya sé que en todas partes sucede lo mismo, que el gobierno de las ciudades españolas es un grosero catálogo de venalidad e incompetencia: pero sólo en ésta el escándalo político se me convierte en íntima desolación.

Y dicho esto, ¿que más puedo decir yo?...

[Foto de Diario Jaén. 8 de Agosto, 2009]

jueves, 2 de abril de 2009

SANTO DOMINGO. MUSEO DE LA SEMANA SANTA DE ÚBEDA



Parece, según ha informado la web Cruz de Guía (http://www.ubedaenlared.com/cruzdeguia/cg/?p=1060), que se ha firmado un acuerdo entre el Obispado de Jaén y la Unión de Cofradías de Úbeda con el fin de poner en uso la Iglesia de Santo Domingo.

El fin último, que el edificio albergue lo que ha de ser el tan deseado Museo de la Semana Santa de Úbeda.

Sin duda y, a falta de conocer los detalles del acuerdo, la noticia parece buena tras una primera lectura. Sin dejar de ser cautos, parece buena dicha noticia puesto que, un edificio significativo del Patrimonio ubetense puede ser recuperado del estado de lamentable dejadez en el que se había sumido desde hace años. Es una reivindicación que lleva haciéndose desde hace años por parte del Pueblo de Úbeda. Su puesta en valor, podría asegurar, cuando menos, la recuperación de uno de los primeros edificios de las provincia en el que se ensayó la estética renacentista.

La pelota ahora, quedará en el tejado de la Unión de Cofradías, encargada, mediante dicho acuerdo, de su puesta en valor.

Es esta una tarea de mucha responsabilidad, que requiere un esfuerzo titánico en la que conviene agudizar el ingenio y trabajar mucho. Agudizar el ingenio porque, en los tiempos que corren, no están las Cofradías para grandes dispendios, ni mucho menos, pienso yo, para acometer y hacer frente a una restauración, en toda regla y costosa por otra parte, del edificio. Es aquí donde con el ingenio, debe mezclarse el trabajo, duro trabajo, que todo hay que decirlo. Buscar financiación se convierte en algo primordial y para ello, se hace necesario de un proyecto, que debe de ser serio y documentado, con el propósito de RESPETAR INEQUÍVOCAMENTE la idiosincrasia del edificio.

Me viene a la memoria el cúmulo de despropósitos que se han cometido en la Colegial de Santa María.

A mi entender, dicho proyecto debería ser conducido por expertos en la materia, que los hay y muy buenos, Historiadores del Arte a los que, desgraciada e inexplicablemente, poco se les tiene en cuenta en un tema que es el eje central de su formación y del que, sin lugar a dudas, son los más cualificados para llevar el estandarte de cualquier intervención en un bien patrimonial de carácter histórico. Los técnicos, encabezados por el Arquitecto, deben de atender a los dictados que los especialistas realicen con el fin de recuperar, salvaguardar y poner en uso dicho bien.

En Úbeda, desde distintos sectores, se han criticado los excesos que, sobre su Patrimonio, se han producido en estos últimos años como consecuencia de un obrar equivocado en cuanto a las intervenciones que se han realizado en los edificios históricos de la Ciudad. Ha faltado un par de.... narices, para hacer frente a las atrocidades que, en última instancia la Administración (que es la que ha pagado), ha realizado en la Ciudad. Es por ello por lo que la Unión de Cofradías debe haber aprendido de los errores del pasado y no volver a caer en ellos. Dicho acuerdo, parece facultar a las Cofradías Ubetenses para hacer una puesta en uso respetuosa del edifico.

Es hora de poner en práctica lo que tantas y tantas veces se ha dicho. Espero que hoy sea el inicio de una buena etapa en este sentido, en el que no quepan medias tintas ni intereses partidistas.

Así debería de ser y así ha de ser.