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miércoles, 1 de agosto de 2012

LÁGRIMAS POR SAN LORENZO



Nadie dijo que fuese a resultar fácil; nadie dijo que una lucha, por pequeña que pudiera parecer, no fuese tediosa; nadie dijo que este, precisamente este momento, fuese el más indicado para poner encima de la mesa la Iglesia de San Lorenzo y su ruina… Ese es el problema, que nadie o casi nadie ha dicho nada, o casi nada, en mucho tiempo.

El caso es que, entre tantas preocupaciones y quebraderos de cabeza que tenemos todos, unas voces se han alzado en este sentido gritando “¡¡Ya está bien!!”. Ya está bien de tanta dejadez, de tanta incompetencia, de tanta vena flemática que crece y crece ante tanto desatino sin atinar.

Es fácil tomar unas cañas con unos amigos o ponerse frente a el teclado de un ordenador para jugar a políticos o a jueces, emitiendo elementos de juicio y valor que pretenden sentar cátedra y, lo que es más jocoso y grotesco aún, dictando sentencias que con las que el mismo Séneca podría parecer un mero aprendiz.

Algunas causas pueden parecer más o menos justas, más o menos apropiadas o banales al plantearse en determinados momentos o coyunturas, o incluso de mayor o menor interés para un individuo o para una colectividad, sobre todo, si no nos va la vida en ello o tienen su repercusión sobre nuestros esquilmados bolsillos. Pero nadie puede negar que el tesón de aquellos que gritan por una causa razonable no posee menos valor que el que calla y otorga.

Quienes hemos alzado la voz a favor de la Iglesia de San Lorenzo ahora, no pretendemos nada más que llamar la atención sobre un problema importante que presenta desde hace mucho tiempo este edificio y que, aunque se piense que no es prioritario en el momento actual, muchas personas, amantes de la Cultura, pensamos que sí lo es.

Estamos en un Mundo estigmatizado por el Poder Económico. Términos o expresiones tales como Mercado, Prima de Riesgo, Inflación, Déficit… han cobrado en los últimos tiempos un protagonismo inusitado que relega a un plano ínfimo algo tan sumamente importante como los Valores (y no me estoy refiriendo con esta palabra a los bursátiles). Hablo de Valores con mayúscula, algo inherente al ser Humano, algo que muchas veces nosotros mismos nos encargamos de amordazar, de ahogar, en deferencia a la falsa creencia que lo económico es lo realmente importante y lo que prima. ¡Qué error más grande!

Cuando una persona pierde su identidad no es de extrañar que pierda también su alma. Queda vacía, hueca, carente de todo sentido y de toda esperanza. Nuestro Patrimonio es parte de nuestra identidad, nuestra Cultura ¿entendemos significa esto?. Si dejamos que se pierda, si dejamos que se desmorone bajo la débil excusa que nos aporta el no mover ni tan siquiera un músculo en su defensa, nos estamos condenando a una especie de ostracismo del que difícilmente podremos salir. Pero aún más grave resulta el hecho de no permitir disfrutar, a quienes nos sucederán, de un legado que afortunadamente hoy nosotros estamos en disposición de recuperar.

La Iglesia de San Lorenzo de Úbeda no es únicamente un inmueble con unas características y unos elementos artísticos más o menos plausibles; es un símbolo. Un símbolo de todo aquello que hemos perdido, de aquello que ya no podremos recuperar, un símbolo de esa identidad que nos define como personas y como integrantes de una colectividad que ha de sentirse afortunada por vivir su día a día en una ciudad como Úbeda. Es también un símbolo que nos alerta de todas esas heridas que hemos de curar, de esas magulladuras que no sanarán por sí solas sino es gracias a una intervención oportuna. Esto es un deber de todos y debe de convertirse en un compromiso real. Es también símbolo de una lucha continuada, a lo largo de distintas generaciones de ubetenses, por el deseo de que sus puertas vuelvan a abrirse.

Todos hemos de cerrar filas en torno a San Lorenzo y todos debemos pedir su restauración y puesta en valor, luchar porque no desaparezca porque si así sucediese, si San Lorenzo muriese, una parte de de cada ciudadano de Úbeda, de cada ubetense, moriría con él.

Es hora de colaborar para no tener que verter Lágrimas por San Lorenzo. Es hora de hacer algo por nosotros mismos y gritar juntos: ¡Salvemos San Lorenzo!

miércoles, 11 de julio de 2012

LA HORA DE SAN LORENZO









Foto de Baldo Padilla
Cuando en 1842 el Obispo la Diócesis del Santo Reino de Jaén, D. Manuel Ventura Gómez Lechuga, ordenara la supresión de la Parroquia de San Lorenzo de Úbeda, nada hacía presagiar que las protestas y quejas que en aquellos momentos iniciaron los vecinos de este barrio defendiendo que la Iglesia se conservase abierta, se mantendrían a lo largo de 170 años.

El cierre definitivo del templo de producirá en Agosto de 1843, asumiendo las labores de culto la cercana Parroquia de San Pedro y quedando San Lorenzo como una Ermita en la que los domingos se daba misa. Esta solución maniquea, no satisfizo a los vecinos que continuaron con su malestar, siendo trasladada esta desazón al Ayuntamiento quien, en Abril de 1844, acuerda solicitar al Obispado su reapertura.

La callada que se obtuvo por respuesta propició que dicha petición fuese trasladada al Gobernador Civil de Jaén para que transmitiese el problema que planteaba Úbeda al Gobierno de Isabel II. A instancias del mismo, San Lorenzo se volverá a abrir al culto pese a los problemas estructurales y de mantenimiento que ya presentaba. Tal es así que el 21 de Diciembre de 1855 el Cabildo de la Ciudad dice “que San Lorenzo por hallarse en estado ruinoso, extramuros de la población, que tal vez sea una necesidad proceder a su derribo, no sólo para evitar peligros, sino porque convendrá hacerlo así un día para mejorar el aspecto público de aquel ángulo de la población”.

Evidentemente en el siglo XIX no existía una concienciación en lo relativo a la conservación, protección y salvaguarda del Patrimonio como afortunadamente, al menos eso parece, hoy tenemos.

El artículo 14 de la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía defiende en su punto 1 que “Las personas propietarias, titulares de derechos o simples poseedoras de bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz, se hallen o no catalogados, tienen el deber de conservarlos, mantenerlos y custodiarlos de manera que se garantice la salvaguarda de sus valores. A estos efectos, la Consejería competente en materia de patrimonio histórico podrá asesorar sobre aquellas obras y actuaciones precisas para el cumplimento del deber de conservación”.

Como podemos comprobar, tenemos una normativa clara en este sentido que se está incumpliendo de manera flagrante y continuada.
Los artículos siguientes de la citada Ley nos hablan de Ordenes de Ejecución (art. 15), Ejecución Forzosa (art. 16), Derechos de Tanteo y Retracto (art. 17) y Expropiación (art. 18). Este último artículo en su primer apartado nos recuerda que “La falta de cumplimiento de las obligaciones establecidas en la ley para las personas propietarias, poseedoras o titulares de derechos sobre bienes inscritos en el Catálogo General de Patrimonio Histórico facultará a la Administración para la expropiación total o parcial del bien por causa de interés social”.

Sin lugar a dudas esto debe ser lo último. Antes, se debe instar a la al diálogo para que se actúe. Sin embargo algo tan básico como esto no se está produciendo y San Lorenzo se muere por incompetencia de algunos y dejadez por parte de todos.

Ahora es el momento, un momento tan “bueno” como cualquier otro. Entre todos debemos realizar un esfuerzo continuado hasta que exista un Plan de Recuperación Integral y puesta en Valor para este histórico edificio. Recordemos que ya antes ha existido algún intento de recuperar este inmueble y no llegó a puerto franco. Las obligaciones deben asumirse y la Ley debe de cumplirse. 

El pueblo llano, Úbeda, así lo exige como lo lleva haciendo desde hace 170 años. Es la hora de gritar todos, una vez más, ¡Salvemos San Lorenzo!